Mensaje #63: Rendirse
La historia de Alysa, la desmitificación del esfuerzo desmedido y de la mala prensa de rendirse. Un recordatorio de porqué la alegría tiene que ser parte del camino y una performance emocionante.
Hace unos días terminaron los Juegos Olímpicos de Invierno. Fue un desfile de deportistas de élite y también de historias. Rescaté una que me atravesó, porque creo que puede traernos claridad frente a una idea cuestionada. La de rendirse.
Escribo mucho por acá sobre cómo avanzar en lo que queremos; cómo enfocarnos para alcanzar objetivos; y sobre la motivación intrínseca -más que la extrínseca-, para trabajar en nosotros mismos y potenciar quienes somos. Es parte de lo que me apasiona divulgar, sobre lo que investigo y expando en este espacio, y en mis notas, en mis cursos y el podcast. Siempre sin ánimos de caer en el optimismo liviano: las cosas no se logran sólo por imaginarlas, se requiere acción y sobre todo, compromiso. No hay una única fórmula, pero creo que, en este camino de conectar con una mejor versión de nosotros mismos, hay muchas rutas y experiencias en las que podemos coincidir. Y a veces, no es tan distinto lo que le pasa a un deportista de alto rendimiento, alguien que está en el podio del mundo con su disciplina… que a vos o a mí, que estamos intentando sacar adelante un proyecto desde el lugar que nos toque.
Hacía 24 años que una mujer norteamericana no ganaba una medalla en patín sobre hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno, pero el jueves pasado, Alysa Liu, cambió la historia: ganó la medalla de oro con una performance perfecta, en la que se la vio no sólo segura de principio a fin, sino disfrutando de su número con una alegría que traspasaba cualquier pantalla y que impactó al público presente y al jurado. Estaba patinando para divertirse. Y los expertos dicen, que esa es la razón por la que ganó.
Es que, para llegar a esta medalla, Alysa primero, renunció.
Alysa se había retirado de su disciplina en 2022, justo a sus 16 años. Había empezado a los 5 y para cuando decidió dejar el deporte, tenía el título de dos veces campeona nacional en su país, y había competido en los Juegos Olímpicos de Beijing. De afuera, se la veía en camino para ser la siguiente figura mundial en patín, pero… renunció. Su explicación en ese momento fue simple: había perdido el entusiasmo. La presión y el perder su identidad al tratar de ser una atleta de elite, la estaban haciendo sentir muy mal. Así fue que se bajó de las altísimas exigencias de su disciplina y volvió a hacer la vida de la adolescente que era. Fue ahí que un viaje de ski le recordó cuánto la divertía hacer deporte, y algo en su cerebro hizo click. Quizá esa alegría la podía llevar al patín sobre hielo.
Hace dos años, cuando Alysa anunció que volvería a las competencias, fue un regreso diferente. No para volver a lo de antes, o para reivindicarse, sino para algo más importante: para volver a divertirse y reconectar con esa alegría que le producía patinar. “Aún si lo fallo y me caigo, va a estar todo bien. Estoy bien con cualquier resultado mientras esté ahí, en la pista”, dijo Alysa antes de los Juegos. La presión excesiva del éxito de otra etapa de su vida ya no estaba. El cambio de foco en su propósito fue clave: pasó de buscar el resultado -la medalla, el oro, el podio-; a reconectar con la experiencia -su pasión, lo que la movilizaba desde chica, el placer por su deporte-. Volver a competir en sus propios términos, cambió la ecuación. Salió de la lógica en la que ganar es todo y perder es también, perder la identidad; y patinó para ella misma, no para otros. Cambió el foco de su para qué (o para quién).
“Tendemos a creer que el único camino para un rendimiento destacado es esforzarse constantemente, y que si no estamos dedicando más horas de trabajo y de intensidad, hasta quedar exhaustos… entonces el esfuerzo no es lo suficientemente serio. Pero tomarse un break no es lo opuesto de tener una ambición. A veces, tomarse un break es la motivación para alcanzarla”, dice un artículo de INC.Magazine que me encantó, y fue mi fuente disparadora de esta historia.
¿Cuántas veces romantizamos el esfuerzo? Si no es invirtiendo miles de horas, y sangre, sudor y lágrimas… entonces no hay resultados. Disfrute e intensidad no son excluyentes: pueden convivir y definitivamente, el éxito no está garantizado sólo con el esfuerzo desmedido. Pero si requiere alegría y disfrute como condición, porque sino el camino a la meta se hará insostenible.
La historia de Alysa me trae muchas reflexiones y me deja recalculando en muchas ideas. Entre ellas, que a veces la vida no nos pide seguir luchando, sino que nos pide rendirnos. Rendirnos a lo que ya no es, a las formas que ya no van, a las situaciones que no toleramos más, a las viejas estructuras que no sostienen más ni que nos representan. Y que ahí, podemos entender esa rendición no como una forma de fracaso, sino como una vía hacia la transformación.
Te invito a mirar en lo profundo. A ser honesto/a con vos mismo/a, y a responderte, ¿a qué sentís que tenés que rendirte? A mirar esa renuncia ya no desde la falla; a volver a conectar con el disfrute; a recordarte que el camino hacia ese sueño, ese deseo, ese proyecto… tiene que tener sus buenas dosis de disfrute como condición. Y si ya no te está divirtiendo, si perdió su chispa… entonces quizá haya algo -o mucho- para replantearse.
Vengo en esa, rindiéndome a formas que ya no me sirven, que me acompañaron hasta acá, pero que no seguirán conmigo para adelante. Y en el camino de los nuevos desafíos, conocer y escribir sobre la historia de Alysa no sólo me recordó que esa rendición es necesaria y que en dejar de resistir hay mucho de liberación… sino que también, que no hay que perder la alegría en el camino -por más difícil que a veces se ponga-.
Para terminar, si no lo viste, te regalo acá el video de la performance de Alysa. Emocionante e inspirador.
Si llegaste hasta acá, gracias por leer :). Contame si te inspiró esta historia, o en qué te dejó pensando. Y si querés sumarle reflexión e impulso al camino en el que estás, te recuerdo que el próximo 14 de marzo, daré mi primer workshop presencial del año en Buenos Aires. Si estás por acá y esta propuesta resuena en vos, estaré feliz de encontrarnos en ese espacio. Los cupos son súper limitados y la semana próxima lo anuncio abiertamente en redes. No te quedes sin tu lugar! :)
Un abrazo,
Dani.



Hermoso articulo Dani!!! La gran diferencia entre seguir un camino porque esta dictado y elegirlo con el corazón!!!